Transfigura

 

Transfigura

Galería de Arte Cecilia Palma

 

Transfigura, es el título que Florencia San Martín le ha dado a su muestra, ya que ella ocupa la construcción de imaginarios atemporales a partir de cruces y conexiones de módulos fotográficos los que han sido el eje central de la obra visual de la artista que expone desde el jueves 3 de Enero en la galería de arte Cecilia Palma. En el marco de una muestra en conjunto con la artista visual Daniela Justiniano llamada “Enlace: corte y superficie”.

La investigación del corte espacial y temporal propio de la fotografía, ha dado lugar a un proceso de unión fragmentaria que culmina en diversas imágenes múltiples que funcionan como imágenes unitarias. De esta manera, la artista recurre a la estética del inacabado planteada por Francois Soulage, indicando las posibilidades de intervención y o modificación lo que tiene la fotografía a partir del contacto contiguo que mantienen los módulos fotográficos. Lo interesante radica en que se desecha la posibilidad de un solo resultado ya sea por el trabajo con el módulo, o por la operación de enlace, generando desde un montaje coherente a la estrategia, la sensación de movimiento e inestabilidad.

Transfigura está formada por 1.206 módulos fotográficos de 10 x 15 cm . cada uno, que se agrupan en una sola composición que recorre dos muros continuos de la galería. La obra comprende 67 módulos de extensión x 18 módulos de elevación, de manera que el total de la composición es de 1005 x 180 cm . de ancho por alto respectivamente.

La superficie de cada módulo denota fragmentos desenfocados de imágenes televisivas que se alejan del reconocimiento inmediato del objeto referencial, aludiendo por un lado al carácter inicial de lo fotográfico más que a su aspecto icónico de la realidad, y a la construcción de un imaginario como resultado de la unión de los módulos en el total. De esta manera, las fotografías no son imágenes autosuficientes sino que se necesitan mutuamente para adquirir un significado; una ilusión óptica en estado de tensión que en la medida en que progresa se va haciendo cada vez más abstracta y densa.

En “Transfigura”, al igual que en obras anteriores, los elementos modulares suponen la idea de mutabilidad y de re-ordenamiento, dinámica que niega la existencia de una solución definitiva y que abre el juego a partir de una de las posibilidades efectivas de conexión. Así, a partir del valor, el peso y las líneas direccionales de cada módulo, se determina una eventual posición en el escenario de composición, generando en cada muro una imagen final que fusiona los fragmentos en un acto de transfiguración colectiva.

Por Gaspar Galaz

 

En el “mural fotográfico” de Florencia San Martín las 1206 fotografías – en módulos de 10×15 cm.- no hacen otra cosa que suspender la mirada del espectador respecto al lenguaje canónico de la tradición fotográfica. Esta “suspensión” alude a la búsqueda de sentido en la fotografía, ya que desde siempre el trabajo con la cámara es sobre y acerca del mundo conocido, el cual queda fijado en toda fotografía. La foto como homologón de la realidad no existe en la obra de San Martín, ya que la artista a tomado especial cuidado en “borrar” mediante el “fuera de foco” y un encuadre en close up, frente a la pantalla de televisión, cualquier rastro de elementos denotativos, residuos icónicos o cualquier entrada posible que el espectador pudiese reconocer.

Este gigantesco calidoscopio se presenta en blanco y negro, como otra operación más de distanciamiento del referente o modelo. La reducción cromática nos aleja de cualquier denotación o simbolización posible. Así, este trabajo se convierte, ya no en un mosaico que revelaría un mundo conocido, sino que apunta a la búsqueda de un lenguaje autónomo, como un acto de reconstrucción de la esencia de la fotografía. La fotografía en este trabajo no revela, no representa iconicidad alguna, sino que organiza otro tipo de política fotográfica. En este ejercicio la artista busca relaciones entre una y otra fotografía que, por contiguidad entre ellas, crean vínculos tonales, lumínicos y “texturales”.

El módulo fotográfico, se constituye entonces, en el elemento de base de este trabajo, que tiene la posibilidad, de acuerdo al planteamiento de la artista, de apoderarse del espacio dado en la galería. Así, el trabajo de Florencia San Martín se propone como una obra abstracta, llena de preguntas sobre la interrupción del sentido del lenguaje fotográfico para apuntar a una plasticidad más bien pictórica, donde el “nocolor” -blanco, negro y grises- es efectivamente lo que construye la nueva política de obra.

El resultado de este trabajo es el producto de una serie de desplazamientos de la realidad: la cámara digital fija, el lente en close up y fuera de foco, el televisor como elemento suplantador de la realidad, la pantalla del televisor como objetivo, referente y modelo, dan como resultado una fotográfia anicónica. Este proceso genera, finalmente, la incógnita, la pregunta por la realidad, cuya respuesta tiene que resolver el espectador.

Por Yael Rosenblut

 

Hilo y narrativa
“No hace mucho se ha develado que los ponchos llameros, realizados por los pueblos andinos y altiplánicos, cuentan a los ojos de quienes saben leerlos, mucho más que lo que nos muestran a simple vista, en sus coloridos y grecas. Ocurre que sus urdidos y tinturados van narrando complejos relatos, y van consignando hechos reales, cosas que ocurren en el cotidiano y en el devenir de las aldeas, familias y linajes a las que pertenecen. Pero lo hacen de un modo misterioso, usando para ello de los valores estéticos como material y soporte.” Carlo Disandro

No hemos podido dejar de relacionar las urdimbres y tejidos, que de un modo diferente en lo formal, pero paralelo en su intencionalidad de tejer, urdir y narrar uniendo fragmentos en un denso criss cross, realizan las artistas Florencia San Martín y Daniela Justiniano.

Hay aquí un sello de los tiempos. Un signo y síntoma de mi generación: es la búsqueda, el trabajo constante por unir, de atar, de agrupar, para dar cuenta así, en un tejido, trozos aparentemente dispersos a fin de sentirse parte de él, para enraizarse con sus sentimientos y sensaciones fugaces en la realidad atomizada en que se vive.
Pocas veces esto, que presentamos aquí como intuición, adquiere tanta nitidez como ahora.

Se trata de obras con soportes claramente disímiles, materiales otros, texturas y temperaturas diferentes. Eso es evidente. No obstante tras ellos se evidencia, sin embargo, la necesidad del tejido. La urgencia de la unidad de lo diverso. La telaraña de signos y señas que intenta capturar una sensación de realidad y sentido que las aproxima y las hace claramente hijas de un tiempo común, con necesidades similares, que las han puesto a tejer en telares tan distintos como el arte objetual y la fotografía, un trozo de nuestra propia fragmentación, dispuesta como hilos de un relato interminable.